viernes, 27 de marzo de 2026

En la isla de Samoa (On the Isle of Samoa) (USA, 1950)



Título original: On the Isle of Samoa

Director: William Berke

Guion: Brenda Weisberg, Harold R. Greene. Historia: Joseph Stanley

Música: George Antheil, George Duning, Mort Glickman, Paul Mertz, Lucien Moraweck, Miklós Rózsa. Musical: Mischa Bakaleinikoff

Fotografía: William Bradford, Aaron Stell

Género: Thriller, Romántico, Costumbrista, Aventuras

Reparto: John Hall, Susan Cabot, Raymond Greenleaf, Henry Marco, Al Kikume, Rosa Turich, Leon Lontoc, Neyle Morrow, Jacqueline deWit, Ben Welden, Fred F. Sears, Nicholas Byron, Mark Lowell, Nick Thompson 

Argumento

Un ladrón huye en un avión de Australia y se estrella en una isla de Samoa, habitada por bellas mujeres, hombres fuertes, y un misionero que intenta regenerarle.


"Pequeña" película que mezcla el thriller, el cine romántico y el costumbrista, de forma bastante simple pero agradable.
Es muy modesta, para comenzar dura muy poco más de una hora, y los intérpretes son muy poco conocidos, si exceptuamos al protagonista, un todavía fornido, John Hall, y la bella Susan Cabot, habitual de las películas de Roger Corman, quien fallecería a los 59 años de edad debido a los golpes que le dio su hijo, enfermo mental, con una barra de metal. Con este trabajo debutó en el cine a la edad de 23 años.
El concepto del buen salvaje está presente en la historia, con los buenos habitantes de la isla maravillados, por ejemplo, con la visión de un simple encendedor y que gracias a un bondadoso misionero foráneo, han aprendido a lo largo de los años a saludar en inglés, aunque, ¡milagro! la joven protagonista se entiende en dicho idioma con el protagonista la mar de bien.

 

Lo mejor son aspectos técnicos como la bella fotografía en blanco y negro a cargo de l dúo William Bradford y Aaron Stell, que es una pena no pueda sacar la máxima belleza del  Arboretum & Botanic Garden, California, Estados Unidos.
Y además de ello son verdaderamente gratos los bailes y canciones de los nativos (por ahí están metidos nada menos que Miklós Rózsa y Mischa Bakaleinikoff).
Y, sobre todo, su mensaje positivo, el de que cualquier ser humano, por muchos errores que haya cometido, tiene derecho a una segunda oportunidad, sobre todo se se arrepiente de sus malos actos. En este aspecto tiene mucha importancia el personaje del misionero, un hombre capaz de imbuirse en una comunidad muy distinta a su origen y comprender un nuevo mundo, con usos y costumbres completamente diferentes a los que conocía y vivía.
Se ve y olvida de la misma, pero es amena.

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