Título original: The Breakfast Club
Director: John Hughes
Guion: John Hughes
Música: Keith Forsey
Fotografía: Thomas del Ruth
Género: Comedia Juvenil, Social
Reparto: EMILIO ESTEVEZ, JUDD NELSON, ALLY SHEEDY, ANTHONY M.HALL, MOLLY RINGWALD, PAUL GLEASON, JOHN KAPELOS, RON DEAN, TIM GAMBLE, MERCEDES HALL, MARY CHRISTIAN, PERRY CRAWFORD, FRAN GARGANO, JOHN HUGHES
Argumento
Por diferentes motivos, cinco estudiantes de un colegio cercano a Chicago son encerrados en la biblioteca durante todo un sábado.
Al principio no se llevan nada bien, pues son muy diferentes entre sí.
Pero poco a poco van entendiéndose y respetándose.
"Me gustaría ser como tú. Creo que, con una lobotomía y ropa ceñida, sería suficiente".
Francamente bonita película que huye como de la quema de las pelis hechas para gustar a la juventud yankees de los años ochenta.
El motivo de esto es que el guión está bien escrito, y los problemas que se reflejan son serios, aunque es cierto que no profundiza demasiado.
Otro logro son las buenas interpretaciones, dignas de elogio.
La fotografía y banda sonora contribuyen a hacer de esta cinta una curiosa y positiva obra.
No es que sea excelente, pero sí superior a otras muchas.
Y entretiene un montón.
El realizador, el
malogrado John Hughes, fallecido muy prematuramente de un ataque
cardíaco, a la temprana edad de 59 años, en 2009, logró unas cuantas
estupendas cintas, como "Dieciséis velas" y/o "Todo en un día", donde
quedó impreso su buen hacer tras las cámaras.
La película supuso en la fecha de su estreno, una bocanada de aire fresco en el cine donde los personajes jóvenes eran los protagonistas.
En esta ocasión hablan de problemas que les afecta, resultando cercanos, convincentes, reconocibles.
Los diálogos son fluidos, la realización dinámica y los intérpretes en estado de gracia, sin duda ninguna porque están fortalecidos por un guion inteligente, trabajado.
Ahora bien, me surge la duda de si la viera ahora, en pleno siglo XXI, de si me seguiría gustando o comprobaría que fue flor de un día, una película de su época que ya no tiene predicamento al estar superada por el tiempo.
No lo voy a hacer y así conservar en mi memoria el buen sabor que me dejó tras su visión.




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